Un nobel para la regulación inteligente de los mercados

Artículo publicado por José Alberto León Alonso en Diario de Avisos el 26/10/14.

El francés Jean Tirole ha sido galardonado con el Premio Nobel de Economía de 2014 gracias a sus trabajos relacionados con la organización industrial, el poder de mercado de las empresas y la regulación. Tirole es el octavo investigador en economía más citado del mundo y el autor del libro de texto de referencia sobre organización industrial.

De acuerdo con Tirole, en muchos mercados la competencia perfecta no funciona y deben ser regulados. Cuando la competencia no es técnicamente factible, la búsqueda de la eficiencia pasa por implementar alternativas que los economistas llaman de “second best” (lo segundo mejor entre lo posible). Y para esto hacen falta instituciones que definan, ejecuten y hagan cumplir un marco reglamentario adecuado. Su trabajo se ha vuelto cada vez más importante a medida que los gobiernos han privatizado los antiguos monopolios públicos como el agua, la electricidad, el transporte y las telecomunicaciones. Toda su obra apunta a generar los mecanismos de regulación que incentiven la verdadera competencia. Como indica la Academia Sueca, el premio ha sido por su obra “El poder y la regulación del mercado”, un trabajo realizado con Jean Jacques Laffont, fallecido en 2004. “La mejor regulación o política en materia de competencia debe ser cuidadosamente adaptada a las condiciones específicas de cada sector. Jean Tirole ha presentado un marco general para concebir esas políticas y las ha aplicado a diversos sectores, que van desde las telecomunicaciones a la banca”, destaca la academia sueca de ciencias.

Sus trabajos inspiran una manera de comprender el funcionamiento de los mercados que no entiende de ideologías sino del análisis de los incentivos de empresas, consumidores, reguladores y gobiernos. En este sentido, su libro “Teoría de la Organización Industrial”, publicado en 1988, es la referencia de todos los que hemos estudiado economía y se puede considerar el mejor texto en su área hasta la fecha. Las regulaciones y la competencia, defiende, necesitan en un mundo como el actual “la aceptación de una cierta pérdida de soberanía y de un organismo internacional independiente”. El Nobel también es partidario de regular las agencias de calificación.

Uno de los focos principales de la obra de Jean Tirole es el de la “información asimétrica”, es decir, de aquellos ámbitos donde los gobiernos no saben realmente cómo funciona la industria, lo que hace difícil la regulación. Tirole deja en claro que todas las industrias son diferentes y esto hace necesario que sean tratadas de manera diferente. Sobre un sector como el de la energía, en el que el regulador (el Estado) tiene dificultades para conocer cómo funciona realmente, Tirole defendía en 2005 que el mercado eléctrico español no podría funcionar con solo tres o cuatro operadores, y que los distintos mercados locales europeos debían abrirse a la competencia de otros países. Otro de los sectores que el nuevo Nobel llama a regular es el financiero pues, siendo tan complejo y con tendencia hacia el oligopolio, necesita una estricta y eficiente regulación, todo lo contrario de lo que sucedía hasta el año 2008.

La pregunta fundamental a la que Jean Tirole ha intentado responder a lo largo de su carrera,  es “¿hasta qué punto debería el Gobierno intervenir en un mercado?”. A menudo los mercados se encuentran llenos de barreras naturales o artificiales a la competencia, lo cual hace que las empresas ya no tengan que competir hasta la extenuación para servir al consumidor. Cuando esto sucede, entran en juego muchos mecanismos vitales para entender la relación entre las empresas, su poder de mercado, el regulador y la economía. Así, Jean Tirole ha facilitado un marco analítico común para el estudio de todo este tipo de problemas.

A la academia sueca le gusta la teoría, la abstracción y el trabajo técnico, muy especializado. Tirole es un teórico, pero su trabajo es eminentemente práctico. Es un experto en regulación, en mercados y en la mejor forma de evitar que en sectores donde un puñado de empresas gigantes se reparte el mercado se convierta en un monopolio. Un experto en el mundo real. Es un firme exponente de uno de los aspectos que la sociedad puede valorar más de un científico: aportar desde la complejidad técnica, métodos y soluciones simples para resolver cuestiones importantes para el bienestar. Gracias a sus aportaciones entendemos hoy mejor cuestiones tan esenciales como la regulación, las patentes, los servicios que se articulan en torno a plataformas (como las tarjetas de crédito, Internet, etc. ), los límites al poder de mercado empresarial, el valor de la cooperación y los difíciles incentivos que determinan una adecuada gestión empresarial. Así, preguntado por la regulación del mercado laboral sostiene que “uno de los problemas es la excesiva judicialización de los conflictos laborales. Un juez nunca tiene la suficiente información para decidir sobre despidos en una empresa. No sabe si ese puesto de trabajo es necesario o no. Así, el empresario se cura en salud y prefiere la contratación temporal, que siempre supone menos indemnizaciones, para evitarse problemas.” Para evitarlo proponía, junto a Olivier Blanchard, hoy economista jefe del Fondo Monetario Internacional, sustituir el proceso judicial por un impuesto sobre el despido. “Se trata de que si una empresa despide a un trabajador pague un impuesto al Gobierno. La recaudación de ese impuesto sobre el despido se acumularía en un fondo del que se pagarían las prestaciones por desempleo. Sería mucho más eficaz y animaría a las empresas a crear empleos de larga duración. El problema es que esto no se puede empezar a hacer con una crisis como la actual.”

Con ser partidario de la regulación, Tirole lo es también de la liberalización de servicios, porque genera menores precios en su prestación. “No hay que temer a los mercados, sino regularlos adecuadamente”. Así la liberalización de servicios solo es eficiente si está soportada por una regulación adecuada y un regulador independiente. Y es partidario también de introducir mecanismos de competencia en los servicios públicos, como dar cheques educativos o sanitarios a los ciudadanos para que puedan elegir centro educativo o sanitario. Todo ello como una forma de reducir el coste de prestación de los servicios públicos, hacer sostenible el Estado del Bienestar e incrementar la satisfacción del ciudadano con los servicios prestados. Sus últimos trabajos versan sobre las patentes y la innovación, las subvenciones a la cultura, la formación de burbujas por una mala regulación de los mercados, la regulación bancaria, y el calentamiento global.

Si en ocasiones la elección anual del Premio Nobel de Economía resulta controvertida, en esta no lo es: Jean Tirole es uno de los grandes.