Pimelia Canariensis (II), MIAs y ANTIs

Artículo publicado por D. José Carlos Francisco Díaz en La Gaveta Económica en el número de Mayo de 2016.

En el último artículo les hablé de la PIMELIA (escarabajo) y hoy lo voy a hacer también del síndrome mediocre inoperante activo (MIA) y de los opositores (ANTIS). Si me lo permiten, lo voy a explicar a través de una fábula, que me sirvió de inspiración en la Asamblea de la CEOE de Tenerife el quince de abril de este año. 

Dice así:

Hoy quiero contarles una fábula que ocurrió en unas islas, en las que habitaban más de dos millones de isleños y que habían alcanzado a principios del siglo XXI un nivel de progreso y bienestar, muy similar a los países más avanzados, cosa extraordinaria tratándose de islas pequeñas y alejadas.

Poco después, las cosas empezaron a torcerse. Los proyectos empresariales se hacían interminables, la legislación cada vez más compleja, prolija y contradictoria, hasta tal punto, que las propias AA.PP. no podían ejecutar sus propios proyectos, enredados en informes y autorizaciones interminables. Además, la opinión pública y los políticos, ambos con fe de proteger el medio ambiente y el territorio, limitaron el crecimiento mediante algo llamado moratoria, muy parecido a la Serrata Italiana que acabó en el siglo XIV con la pujanza comercial de Venecia, al impedir los contratos de “commenda” y a la postre la entrada de jóvenes empresarios.

En medio de esa situación llegó una gran crisis, que después de amainar, no produjo los efectos esperados, en particular en la isla más grande, donde dos especies jugaron un papel fundamental: la “PIMELIA CANARIENSIS” y los “MIA”.

La PIMELIA CANARIENSIS, era un escarabajo que según los biólogos era endémico y que con su mera presencia paralizó durante años y años y quizás -sinedie- los proyectos de conectividad interior y exterior más importantes, así como proyectos industriales de los cuales se carecía especialmente. Todo esto ocurría, cuando entre el 20 y el 30 por ciento de la población activa estaba en paro.

A la preponderancia de la PIMELIA, se unió en su capacidad de influencia, la gran proliferación de MIAS. Según la definición del catedrático José Luis González de Rivera, el individuo afecto de MIA es persistente, desarrolla fácilmente una gran actividad (inoperante, por supuesto) y tiene un gran deseo de notoriedad e influencia sobre los demás, que a veces alcanza tintes mesiánicos. El MIA tiende a infiltrarse en organizaciones complejas, particularmente aquellas que están afectadas de formas menores de mediocridad. Fácilmente llega a dominar pequeños grupos encapsulados que no producen nada, pero que se asignan funciones de “seguimiento y control” que les permiten entorpecer o aniquilar el avance de individuos brillantes.

Quizás dentro de los MIAS habría que incluir una subespecie que se denominaron los “ANTI”. Solo se movilizaban para paralizar o entorpecer las iniciativas fueran públicas o privadas. Si no hay iniciativas, no se mueven. Sin saberlo, son los más inmovilistas, aunque ellos piensan lo contrario.

Pues bien, en ese estado de cosas, en que los MIAS en puestos burocráticos, procuran generar grandes cantidades de trabajo innecesario que activamente imponen a los demás para destruir su tiempo útil, e introducen todo tipo de regulaciones y obstáculos destinados a dificultar las actividades realmente creativas; los ANTI, están en permanente estado de alerta para paralizar u oponerse a cualquier proyecto, una nueva camada de políticos jóvenes llegó al poder.

¿Serán capaces de mejorar las cosas?

¿Acabarán con muchos MIAS?

¿Se enfrentarán a los ANTI?

¿Simplificarán?

¿Entenderán que la sostenibilidad no es solo medioambiental?

Quiero pensar que la fábula acaba con un final feliz, acercando otra vez, a esas islas al ideal occidental avanzado y alejándolo de modelos de sociedad atrasada y subsidiada.