Buscando la piedra filosofal

Buscando la piedra filosofal

Artículo publicado por José Alberto León Alonso, Director de Consultoría de Corporación 5, en el número de abril de 2019 de La Gaveta Económica.

¿Encontró Robert Shiller la piedra filosofal del inversionista? ¿Dio con ese método de inversión capaz de transmutar nuestros vulgares ahorrillos en oro puro? Tampoco tanto. Robert Shiller, galardonado con el Premio Nobel de Economía en 2013, se hizo famoso al advertir contra la exuberancia irracional de las burbujas bursátiles y ser capaz de detectarlas. Basó sus argumentos en gran medida alrededor de su propio indicador, el CAPE (Cyclically Adjusted Price Earnings o ratio precio-beneficios ajustado cíclicamente). En lugar de comparar los precios de las acciones con su beneficio más reciente, como hace el PER (Price Earnings Ratio o ratio precio-beneficio), él los comparó con sus ganancias promedio durante la década anterior, debido a que los beneficios del último año podían ser muy volátiles. Comparando el CAPE en un momento cualquiera con la media histórica se podían detectar valores infravalorados o sobrevalorados. Este ajuste reveló que la bolsa americana durante el final de los años 90 estaba más sobrevalorada que en cualquier momento de su historia – incluyendo 1929, antes del Crack de la bolsa. En gran parte gracias a este acierto, el CAPE es un indicador cada vez más utilizado. Fue un gran avance en la ciencia imprecisa de la valoración de los mercados. Es un indicador muy bueno señalando burbujas, momentos de extrema sobrevaloración, pero el problema está en que no indica cuánto tiempo va a durar la sobrevaloración, así que no ayuda a elegir el momento de salida del mercado. Así que el CAPE no es la piedra filosofal de la inversión. Después de todo, desde el momento en el que Shiller anunció que la bolsa americana vivía una “exuberancia irracional” hasta que la burbuja explotó finalmente pasaron más de cuatro años (de 1996 a 2000) en el que el mercado subió aún un 70% adicional, y los que hicieron caso de esta predicción se perdieron una buena ganancia durante esos años.

Fuente: http://www.econ.yale.edu/~shiller/data.htm

¿Qué nos dice el CAPE de los precios actuales en las bolsas? Pues si nos fijamos en la bolsa americana, tal y como se muestra en el gráfico, el CAPE actual es de 31,08, por encima del nivel previo a la crisis de las subprime de 2007 (27,3), prácticamente al mismo nivel que antes del crack de 1929 (32,6) y muy por debajo del crash de las puntocom en 2000 (donde superaba la cifra de 44). El mercado americano supera en un 82% su CAPE medio, que está en torno a 17. ¿Significa esto que la bolsa americana caerá un 80% en poco tiempo? Nada de eso. Puede seguir subiendo varios años más y no tiene por qué caer hasta la media sino menos (o más), tal y como ha sucedido en el pasado, pero siempre que el CAPE de los Estados Unidos ha sido superior a 22, el rendimiento real en los 20 años siguientes ha sido negativo. Así que aviso a quienes piensen en invertir a largo plazo en la bolsa americana. Comprar ahora y mantener durante años prácticamente garantiza rentabilidad negativa durante las próximas décadas.

¿Y el resto de bolsas? Pues el CAPE medio en el mundo es actualmente de 16. La bolsa más barata es la rusa con un CAPE de 6,8. El de la bolsa española ronda actualmente el 13,7, y su media histórica es superior a 17, así que parece barata, aunque tampoco es una ganga. La europea está en 18,3, así que su valoración parece correcta. La más cara es la irlandesa, con un CAPE de 50. Hay de todo.

¿Qué implica todo esto para el pequeño inversor? Mebane Faber, en su libro Global Value, proponía un sencillo sistema de inversión basado en comprar cada año los índices de las diez bolsas de los países con menor CAPE, siempre que éste fuese inferior a 18. Cada año se comprarían los índices de las diez bolsas más baratas y se venderían los que ya no lo fueran. Entre 1980 y 2013 la rentabilidad anual de este sistema hubiera sido del 17,6% y la máxima caída de un 39,6%. Si se compara con el 9,6% de rentabilidad anual de los países desarrollados en ese mismo periodo y una máxima caída del 56,4%, parece claro que el CAPE no es la piedra filosofal, pero funciona.